Visiones de la luna
Desde mi planeta la luna puede verse de un color muy similar al plateado, uno puede distinguir sus rasgos a simple vista. Según los ancianos de mi comunidad nuestra ubicación en el sistema solar nos permite verla en su fase más plena, y esto que ellos dicen hay que tomarlo muy seriamente porque aquí la vejez se mide por experiencias vividas y evidentemente ellos han vivido bastante. Es costumbre que cuando un varón alcanza los dieciocho años realiza un viaje a través de los diferentes planetas para conocer todas las perspectivas que la luna ofrece, es muy importante para nosotros, ya que mirándola podemos creer en un mundo mejor. Nosotros lo llamamos Luna Tour, el nombre no es tan original ni aventurero como la travesía que vamos a iniciar.
Dentro de unos días voy a cumplir mis dieciocho años y estoy muy emocionado por emprender este viaje. Somos un grupo de ocho chicos, es bueno aclarar que en general no somos una comunidad muy grande, basta con decirles que la noche del aniversario de nuestro planeta se reúnen todos los habitantes en la plaza central y no ocupamos ni siquiera un cuarto del parque. Todos los que vamos a emprender este viaje nos conocemos del colegio y para suerte de nuestros guías nos llevamos muy bien.
Teníamos todo preparado, nuestros coordinadores nos habían dado una lista con cosas indispensables: agua, algo sobre lo que dormir, telas para cubrirnos en la noche, linterna e infinidad de objetos a los que aún no les encontraba utilidad. Además de esos elementos podíamos llevar un objeto a elección: personalmente opté por un libro que mi abuelo me había obsequiado: tenía explicaciones de las costumbres de cada planeta, estaba seguro de que iba a ser de mucha utilidad.
El día del despegue estábamos muy ansiosos, la nave que nos habían asignado era último modelo, desbordábamos de felicidad. Nuestros padres estaban muy emocionados y hubo una frase que esa mañana quedó grabada en mi memoria: “¡DISFRUTEN!” por supuesto yo no tenía otra cosa en mente.
Como estaba planeado empezamos nuestro viaje en Plutón, el paisaje era fabuloso, tenía montañas de tierra altísimas que permitían tener un cómodo avistaje. Cuando la luna comenzó a salir nos quedamos un poco desilusionados, no se parecía en nada a la de nuestro planeta: no podíamos distinguir sus rasgos y su color ni siquiera se acercaba al plateado, pero sin embargo seguía siendo hermosa. Y así fuimos recorriendo los diferentes cuerpos celestes, a pesar de que nada se comparaba con la vista que nosotros teníamos la luna no perdía su belleza, porque así era ella: resplandeciente, ni siquiera el brillo del sol podía opacarla.
El día que llegamos a la tierra se pronosticaba que iba a ser una noche inigualable, íbamos a poder disfrutar a la luna en su mejor fase. Como faltaba mucho para la noche decidí ir a dar un paseo. Caminé por las calles desiertas, o casi desiertas, de una zona de chalets. Algunos habitantes, a pesar de la hora matinal, ya estaban levantados; me miraban pasar desde los garajes. Parecían preguntarse qué estaba haciendo yo allí. Si me hubieran abordado, me habría costado mucho contestarles. En efecto, nada justificaba mi presencia allí. Ni en ninguna otra parte, a decir verdad. Me había olvidado que mi aspecto era muy diferente a la gente de allí, fue cuando recordé lo que el libro que el abuelo me había obsequiado decía: “No subestime a los terrícolas ya que si lo vieran se darían cuenta al instante de que usted no pertenece a su misma especie”, así que me apresuré para volver al campamento.
Esa noche observamos la luna desde una perspectiva mucho más linda que la del resto de los planetas, exceptuando el mío, por supuesto, era de color amarilla y tenía un aureola blanca a su alrededor: nos explicaron que era porque se avecinaba una tormenta.
Esa fue la última luna que visitamos. De regreso en la nave todos coincidimos que no existía mejor vista como la de nuestro planeta. Nosotros podíamos observar la más maravillosa de todas las perspectivas antes de irnos a dormir y sentir que valía la pena que anocheciera.
Luciana Paz
Es para vos amiga, te dije que era medio pedorro y lo sigo sosteniendo, pero es mi creación y tiene tu nombre y aunque no siempre sea fuerte vos y mucha otra gente hermosa me dan la fuerza para seguir, son lo mejor que tengo y lo mejor que se me pudo haber cruzado. Gracias por tanto y espero aportar mucho en vos! Te amo