VAGA NIGHT
La noche estaba estrellada, la luna con su mejor vestido y el frio dejaba a los pelitos del brazo bailar. Había grupos de gente sentada en el piso, un escenario con
instrumentos ubicados estratégicamente y un lugar con aspecto de fábrica pero clima de fiesta.
Llegar fue lo más
arriesgado del día, o de la noche. Había que bajarse en plaza Miserere (Once) y
caminar aproximadamente diez cuadras hasta ‘el lugar’. Sí Once fuera un
espectáculo de noche se encienden las luces del cabaret. Llegamos y buscamos
las entradas que estaban dispuestas para abrir la valla a una fiesta vaga.
A mi sorpresa había de los más
variados estilos de personas: quienes parecían ir a una fiesta, ir a un
boliche, salir del gimnasio, salir de una plaza o de simplemente salir. Eso
gustó, mostró que existe una banda que reúne estilos de vestimenta (y seguro de
pensar) y que todos pueden compartir el mismo viaje a través de la música.
Era temprano, aún no se había
terminado de llenar el patio, donde sería el show, así que había que hacer tiempo. Un fernet, un
puchito y una charla que hacía por demás placentera la espera.
El lugar, el lugar era
fantástico, el lugar era el Konex: admiré su arquitectura y diseño. Una fábrica restaurada pero
hermosamente restaurada. Había colores, banderines y murales, en su conjunto
era [es] una obra de arte que iba acorde
con la banda que se presentaba: Onda Vaga.
Escuchamos que comenzaba una
banda, giramos la cabecita para ver, afinamos el oído para escuchar mejor y era
lo que se conoce como ‘teloneros’, no creo que éste sea el caso particular, se
me ocurrió pensar que los vaguitos le habían dado un espacio para que se sigan
abriendo camino como les tocó alguna vez a ellos. La banda se llama Los Grillos
y la verdad sonaban muy bien, un estilo parecido sobre todo por la calidad de
música.
A pesar que los grillos habían
terminado su función aún quedaba un bache musical, entonces
decidimos aprovechar otro fernet. Es ley que siempre que vas a hacer algo que
te aleja de la actividad principal ésta comienza: sí estás esperando el bondi, que hace
dos horas que no pasa, te prendes un cigarrillo y viene, sí estás esperando que arranque una banda y vas a comprar un fernet (y hay mucha cola) es obvio que
arranca el recital. Así pasó. Los dos primeros temas del otro lado de ‘seguridad’.
La fiesta había empezado y estaba
por todos lados. La gente se sabía todos los temas y los cantaba con el mismo
sentimiento que la banda. A decir verdad creo que la mayoría usó alguno de sus
temas como banda sonora de su vida. Las melodías sirven para un momento de
relajación o un momento de subidón, te llevan al más allá, te permiten viajar y
olvidarte de volver. Te invitan a disfrutar y hacer agua los mambos que te
pasan por el bocho, o mejor dicho, traducen esos mambos en canción y los hacen
más transitables. Todos llevábamos el mismo movimiento corporal, todos sabíamos
cuándo saltar, cuando bajar, cuándo movernos más lentos, cuándo agitar el brazo
y cuando corear. Lo que no sabíamos era irnos. Tocaron un solo tema a pedido: ‘Gilda’
y por la insistencia de la mayoría me dio a entender que era su mejor tema o a
criterio de la masa el más escuchado, bailado y coreado [criterio de la masa, no mío].
El show se da por terminado,
todos sabemos que no es así. Vuelven, saludan y arrancan con el último tema en
el que la intervención del público fue NECESARIA: agacharse, pararse, saltar
poquito, tomar impulso y saltar más alto. Ahora sí, terminó el show y hay que
volver.
Dejaron todo y creo que los
espectadores ó bailantes dieron mucho más. Por cuadras cantamos los temas,
tarareamos y hasta agitamos. No sólo por cuadras sí no por horas de esperas de
colectivo, pero esa es otra historia. Nos iríamos a dormir con un tema sonando
en la cabeza, con una sonrisa en la cara y con los mambos bien ubicados en
melodías.
Gracias Vagos por ubicar al bocho
más allá.
