domingo, 27 de abril de 2014

VAGA NIGHT


La noche estaba estrellada, la luna con su mejor vestido y el frio dejaba a los pelitos del brazo bailar. Había grupos de gente sentada en el piso, un escenario con instrumentos ubicados estratégicamente y un lugar con aspecto de fábrica pero clima de fiesta.
Llegar fue lo más arriesgado del día, o de la noche. Había que bajarse en plaza Miserere (Once) y caminar aproximadamente diez cuadras hasta ‘el lugar’. Sí Once fuera un espectáculo de noche se encienden las luces del cabaret. Llegamos y buscamos las entradas que estaban dispuestas para abrir la valla a una fiesta vaga.
A mi sorpresa había de los más variados estilos de personas: quienes parecían ir a una fiesta, ir a un boliche, salir del gimnasio, salir de una plaza o de simplemente salir. Eso gustó, mostró que existe una banda que reúne estilos de vestimenta (y seguro de pensar) y que todos pueden compartir el mismo viaje a través de la música.
Era temprano, aún no se había terminado de llenar el patio, donde sería el show, así que había que hacer tiempo. Un fernet, un puchito y una charla que hacía por demás placentera la espera.
El lugar, el lugar era fantástico, el lugar era el Konex: admiré su arquitectura y diseño. Una fábrica restaurada pero hermosamente restaurada. Había colores, banderines y murales, en su conjunto era [es] una obra de arte que iba acorde con la banda que se presentaba: Onda Vaga.
Escuchamos que comenzaba una banda, giramos la cabecita para ver, afinamos el oído para escuchar mejor y era lo que se conoce como ‘teloneros’, no creo que éste sea el caso particular, se me ocurrió pensar que los vaguitos le habían dado un espacio para que se sigan abriendo camino como les tocó alguna vez a ellos. La banda se llama Los Grillos y la verdad sonaban muy bien, un estilo parecido sobre todo por la calidad de música.
A pesar que los grillos habían terminado su función aún quedaba un bache musical, entonces decidimos aprovechar otro fernet. Es ley que siempre que vas a hacer algo que te aleja de la actividad principal ésta comienza: sí estás esperando el bondi, que hace dos horas que no pasa, te prendes un cigarrillo y viene, sí estás esperando que arranque una banda y vas a comprar un fernet (y hay mucha cola) es obvio que arranca el recital. Así pasó. Los dos primeros temas del otro lado de ‘seguridad’.
La fiesta había empezado y estaba por todos lados. La gente se sabía todos los temas y los cantaba con el mismo sentimiento que la banda. A decir verdad creo que la mayoría usó alguno de sus temas como banda sonora de su vida. Las melodías sirven para un momento de relajación o un momento de subidón, te llevan al más allá, te permiten viajar y olvidarte de volver. Te invitan a disfrutar y hacer agua los mambos que te pasan por el bocho, o mejor dicho, traducen esos mambos en canción y los hacen más transitables. Todos llevábamos el mismo movimiento corporal, todos sabíamos cuándo saltar, cuando bajar, cuándo movernos más lentos, cuándo agitar el brazo y cuando corear. Lo que no sabíamos era irnos. Tocaron un solo tema a pedido: ‘Gilda’ y por la insistencia de la mayoría me dio a entender que era su mejor tema o a criterio de la masa el más escuchado, bailado y coreado [criterio de la masa, no mío].
El show se da por terminado, todos sabemos que no es así. Vuelven, saludan y arrancan con el último tema en el que la intervención del público fue NECESARIA: agacharse, pararse, saltar poquito, tomar impulso y saltar más alto. Ahora sí, terminó el show y hay que volver.
Dejaron todo y creo que los espectadores ó bailantes dieron mucho más. Por cuadras cantamos los temas, tarareamos y hasta agitamos. No sólo por cuadras sí no por horas de esperas de colectivo, pero esa es otra historia. Nos iríamos a dormir con un tema sonando en la cabeza, con una sonrisa en la cara y con los mambos bien ubicados en melodías.
Gracias Vagos por ubicar al bocho más allá.