domingo, 28 de agosto de 2011
domingo, 22 de mayo de 2011
Carta de una fuga
Hola Ale, disculpá que te moleste pero estoy con la soga al cuello, me mandé una macana tremenda.
Sé que no es la mejor manera de despedirse, pero tengo que desaparecer. Perdón, te defraudé, no pude con mis genes.
Necesito que me hagas un favor, a esta altura sos la única en la que confío, todos me estafaron y no me di cuenta; estarás pensando “Yo te lo dije”, y yo no te hice caso. Todo me sale mal cuando no te escucho Ale, soy un tonto, si sé que vos no lo hacés con maldad. Para salir de ésta te necesito: preparame el bolso negro, ese que está arriba del armario en la pieza de la vieja, poné algo de ropa, mis documentos y la plata que está guardada en la caja que está en mi mesita de luz, no la pongas toda quedate con algo vos. Después lleva el bolso a la cucha de Dogo que cuando pueda zafar lo voy a buscar. Gracias y perdón, otra vez.
La semana pasada me había llamado el “Chueco”, me prometió que esta vez iba a salir bien, que la yuta no se iba a enterar. Me dijo que no te contara nada, que vos seguro ibas a hablar. Me llenó la cabeza para que no te dijera y vos sabés como soy, un salame, me creo todo lo que me dicen.
Alguien le tiró la data de que una mina, una tal Campioni, iba a sacar mucha guita del banco. Era algo fácil y nos iba a dar mucha plata. Íbamos a ir en la moto y yo le tenía que arrebatar el bolso a la vieja. Todo salió mal Ale, el chueco la pudrió. Se cebó, se fue de mambo.
No te preocupes, estoy bien. Tuve que rajar, no me quedó otra. La yuta no está buscando. Voy a tratar de mandarte cartas seguido. ¡Por favor perdoname, hermana! Cuando pueda te voy a visitar; no te pongo la dirección en donde estoy por las dudas, vos sabés.
Seguí metiéndole garra al estudio y a tu trabajo, vos sos inteligente, podes armarte otro futuro: yo no soy un buen ejemplo. Cuidate y perdón, una y mil veces perdón.
Román
Luciana Paz
miércoles, 27 de abril de 2011
Visiones de la luna
Desde mi planeta la luna puede verse de un color muy similar al plateado, uno puede distinguir sus rasgos a simple vista. Según los ancianos de mi comunidad nuestra ubicación en el sistema solar nos permite verla en su fase más plena, y esto que ellos dicen hay que tomarlo muy seriamente porque aquí la vejez se mide por experiencias vividas y evidentemente ellos han vivido bastante. Es costumbre que cuando un varón alcanza los dieciocho años realiza un viaje a través de los diferentes planetas para conocer todas las perspectivas que la luna ofrece, es muy importante para nosotros, ya que mirándola podemos creer en un mundo mejor. Nosotros lo llamamos Luna Tour, el nombre no es tan original ni aventurero como la travesía que vamos a iniciar.
Dentro de unos días voy a cumplir mis dieciocho años y estoy muy emocionado por emprender este viaje. Somos un grupo de ocho chicos, es bueno aclarar que en general no somos una comunidad muy grande, basta con decirles que la noche del aniversario de nuestro planeta se reúnen todos los habitantes en la plaza central y no ocupamos ni siquiera un cuarto del parque. Todos los que vamos a emprender este viaje nos conocemos del colegio y para suerte de nuestros guías nos llevamos muy bien.
Teníamos todo preparado, nuestros coordinadores nos habían dado una lista con cosas indispensables: agua, algo sobre lo que dormir, telas para cubrirnos en la noche, linterna e infinidad de objetos a los que aún no les encontraba utilidad. Además de esos elementos podíamos llevar un objeto a elección: personalmente opté por un libro que mi abuelo me había obsequiado: tenía explicaciones de las costumbres de cada planeta, estaba seguro de que iba a ser de mucha utilidad.
El día del despegue estábamos muy ansiosos, la nave que nos habían asignado era último modelo, desbordábamos de felicidad. Nuestros padres estaban muy emocionados y hubo una frase que esa mañana quedó grabada en mi memoria: “¡DISFRUTEN!” por supuesto yo no tenía otra cosa en mente.
Como estaba planeado empezamos nuestro viaje en Plutón, el paisaje era fabuloso, tenía montañas de tierra altísimas que permitían tener un cómodo avistaje. Cuando la luna comenzó a salir nos quedamos un poco desilusionados, no se parecía en nada a la de nuestro planeta: no podíamos distinguir sus rasgos y su color ni siquiera se acercaba al plateado, pero sin embargo seguía siendo hermosa. Y así fuimos recorriendo los diferentes cuerpos celestes, a pesar de que nada se comparaba con la vista que nosotros teníamos la luna no perdía su belleza, porque así era ella: resplandeciente, ni siquiera el brillo del sol podía opacarla.
El día que llegamos a la tierra se pronosticaba que iba a ser una noche inigualable, íbamos a poder disfrutar a la luna en su mejor fase. Como faltaba mucho para la noche decidí ir a dar un paseo. Caminé por las calles desiertas, o casi desiertas, de una zona de chalets. Algunos habitantes, a pesar de la hora matinal, ya estaban levantados; me miraban pasar desde los garajes. Parecían preguntarse qué estaba haciendo yo allí. Si me hubieran abordado, me habría costado mucho contestarles. En efecto, nada justificaba mi presencia allí. Ni en ninguna otra parte, a decir verdad. Me había olvidado que mi aspecto era muy diferente a la gente de allí, fue cuando recordé lo que el libro que el abuelo me había obsequiado decía: “No subestime a los terrícolas ya que si lo vieran se darían cuenta al instante de que usted no pertenece a su misma especie”, así que me apresuré para volver al campamento.
Esa noche observamos la luna desde una perspectiva mucho más linda que la del resto de los planetas, exceptuando el mío, por supuesto, era de color amarilla y tenía un aureola blanca a su alrededor: nos explicaron que era porque se avecinaba una tormenta.
Esa fue la última luna que visitamos. De regreso en la nave todos coincidimos que no existía mejor vista como la de nuestro planeta. Nosotros podíamos observar la más maravillosa de todas las perspectivas antes de irnos a dormir y sentir que valía la pena que anocheciera.
Luciana Paz
Es para vos amiga, te dije que era medio pedorro y lo sigo sosteniendo, pero es mi creación y tiene tu nombre y aunque no siempre sea fuerte vos y mucha otra gente hermosa me dan la fuerza para seguir, son lo mejor que tengo y lo mejor que se me pudo haber cruzado. Gracias por tanto y espero aportar mucho en vos! Te amo
jueves, 21 de abril de 2011
Encuentros que son desencuentros
Durante bastantes días miraba por la ventana antes de acostarse, desde su estudio, hacia la esquina, abajo, pero Custardoy no volvió a aparecer por allí. Se le hacia costumbre buscarla todas las noches aunque nunca la encontrara.
Todo empezó el 12 de marzo pasado. Un día agitado, la sala de espera estaba repleta de casos por atender. El estudio no era un lugar muy amplio, se encontraba sobre la calle Cerrito en el quinto piso de un edificio antiguo pero en buen estado, no tenía nada que envidiarle a los buffets de abogados que se promocionaban por la televisión. En ese miércoles de verano parecía que todo iba a ser normal pero de pronto irrumpió en el ambiente caldeado de la sala de espera una señorita de apellido Custardoy, los rasgos de su cara dejaban ver que no pasaba de los 30 años, alta, morocha y de ojos marrones, de un marrón tan claro que a través de ellos uno podía conocer su pasado. -¿Qué precisa?- Dijo la secretaria -Estoy buscando al abogado José Echeverría, ¿Es aquí no?- Preguntó ella. La secretaria asintió con la cabeza y le pidió amablemente que tomara asiento, que la haría pasar cuando fuera su turno.
Señorita Custardoy, anunció la secretaria, es su turno. Cuando él la vio entrar sintió algo extraño, lindo pero extraño, que recorría todo su cuerpo y hacía temblar su pulso. Admiró su belleza como si fuera la primera vez que observaba a una mujer. Cuando se centró en sus ojos notó que tenía algo para contar, que no sólo buscaba ayuda profesional.
-Buen día dr.- Dijo ella con una voz tan dulce y delicada que se perdía en el viento. Él quedó embelesado. Se produjo un silencio pero ninguno de los dos se sintió incómodo en esa situación, él creyó que era una señal y para no parecer obvio inició la conversación preguntando qué era lo que la traía por el estudio. Ella comenzó a contar su historia, no era para nada sencillo el caso y mucho menos las situaciones por las que había tenido que atravesar. -¿Usted entiende lo que es que lo persigan en todo momento y que excedan los límites a golpes?- Cuestionó ella con su delicada voz y entre lágrimas -¿¡Qué hice yo para merecer esto!?- Exclamó. Echeverría trató de consolarla pero sin establecer contacto físico así evitaba incomodarla. Una vez que sus lágrimas se agotaron él le dijo que analizaría el caso. Le anunció a su secretaria que le diera a la señorita Custardoy una cita para la semana entrante.
No era el primer caso de violencia que Echeverría trataba pero era especial por el simple hecho de que ella lo era.
Esa semana fue fugaz, él se lo adjudica a las ganas que tenía de volver a verla, esta vez se iba a animar a dar un paso más. A la hora acordada ingresó al estudio, pero no era la misma mujer de la semana anterior, sus ojos marrones seguían siendo claros pero de tanto llorar ya no develaban su pasado, tenía la mirada desorientada, triste y su rostro demostraba cansancio. Moretones en la cara y brazos le hicieron darse cuenta de que había sido una semana dura para ella. Sabiendo lo que iba a decirle le fue muy difícil elegir las palabras para que doliera menos: el caso no podía llevarse a juicio, ella saldría perdiendo y su vida se transformaría en un verdadero infierno. Los ojos se le llenaron de ira, no esperaba esa respuesta, le resultaba inentendible, tenía golpes en todo su cuerpo que servirían de prueba del abuso que se cometía en su contra. Pero con eso no es suficiente, agregó Echeverría, intentó explicarle que perdería absolutamente la poca tranquilidad que le quedaba; a lo que ella replicó :- ¡No me queda nada más que perder! ¿Tranquilidad? ¿Qué es eso? Hace meses que no salgo, no consigo dormir sin levantarme por las noches con mi corazón latiendo a toda velocidad. ¿Puede usted ponerse en mi lugar? - Por supuesto que me pongo en su lugar, y más de lo que debería, es por eso que no quiero arriesgarme a comenzar un juicio sin saber dónde puede terminar.- Echeverría concluyó la conversación, todo se había terminado.
La conexión que se había creado desapareció completamente. No quedaba ni siquiera rastro. Su voz dulce ya no lo era más, con sólo mirarla se podían interpretar diversas sensaciones: temor, desilusión, abandono. El clima pasó de ser pacífico a tenso. Sin siquiera haber tenido una cita ya se habían separado.
Ella insinuó que si era necesario esfumarse y no volver nunca más lo haría, su vida ya no tenía ningún tipo de valor, ella ya no la consideraba vida. Prefería desaparecer antes que recurrir nuevamente a la justicia.
Ese día salió del estudio descargando su bronca, el portazo que dio hizo temblar hasta las paredes. Esa fue la última vez que Echeverria vio a la señorita Custardoy. Aunque ya han pasado varios meses aún se pregunta qué habrá sido de ella.
viernes, 8 de abril de 2011
Instructivo para fracasar
Cuando nos proponemos una meta, buscamos un trabajo o simplemente jugamos un partido de truco buscamos hacerlo de manera exitosa, pero no siempre lo logramos, por esa razón aquí le ofrecemos una serie de pasos para fracasar con éxito.
Por empezar se dará cuenta al instante cuando ha fracasado ya que además de no haber cumplido su objetivo sentirá una sensación de impotencia muy particular que causará una revolución en todo su organismo.
El primer paso que debe dar es poner cara de desilusión, esta expresión es la que demuestra de manera más acertada la sensación de fracaso. En esta etapa es muy importante que trate de contener las lágrimas ya que lo pondrían en una situación vergonzosa.
Una vez que su cara luzca muy desilusionada, levántese de manera abrupta y, si es posible, arroje al suelo algún objeto que tenga cerca, por ejemplo: si usted estuviera jugando al truco lance de manera violenta las cartas. ATENCIÓN: trate de no lastimar a los presentes durante su acto de ira ya que la situación se tornaría frustrante.
Ahora bien, ante esta reacción quienes se encuentran con usted comenzarán a decirle algunas de las siguientes exclamaciones: “¡No te podés enojar así!” “¡Es sólo un juego!” Usted haga oídos sordos a esas declaraciones y aléjese con pasos largos y pesados demostrando su cólera. Existe un alto porcentaje de posibilidades de que algún compañero se le acerque para darle aliento tratando de minimizar el problema ante esta situación podría suceder que emergieran de su boca una catarata de palabras hirientes en contra de aquél que acudió a tranquilizarlo. Piense unos segundos y luego explíquele de manera respetuosa que prefiere estar solo.
Si la situación de ira excede sus propios límites le recomendamos que lea el capítulo II de: Cómo fracasar con éxito. Nivel Avanzado.
Una vez que sienta que su cabeza dejó de latir, su corazón retomó su ritmo normal y que su temperatura corporal disminuyó notablemente, vuelva ante el grupo y pida disculpas por su actitud. Si usted logra pedir perdón ha logrado fracasar con éxito.
Aquí finaliza este manual introductorio. Esperamos que le haya sido de ayuda. Recuerde comprar también: Instrucciones para rendir un examen, Pasos para inflar un globo y no morir en el intento y Cómo vivir la primavera a pleno, entre otros títulos.
Luciana Paz
domingo, 27 de marzo de 2011
El vuelo de la Lectura
Hace poco leí una frase de Jorge Guinzburg que decía: “Leer no es como volar… pero es lo que más se le parece”. Particularmente nunca viaje en avión así que me conformo con leer.
Mi primer viaje literario empieza desde muy chica, alrededor de los tres años, de la mano de Pinocho, aquel Pinocho de la colección Robin Hood, un poco más atrevido, intrépido y hasta un poco más real al famoso film de Disney. Era traído a mí todas las noches gracias a mi papá. Fue un viaje del que aún quedan huellas en mi memoria, un viaje fantástico que trasladaba mis sueños al mundo de madera de Pinocho.
Cuando comencé el Jardín de Infantes me dispuse que mis viajes no tuvieran mucho futuro ya que, convencida, repetía días tras día que no estaba en mis planes aprender la “manuela escrita” y mucho menos asistir a la “facultaría”. Estoy segura de que mi “yo” de cinco años estaría muy ofendida por verme donde me encuentro, pero, sin embargo, puedo afirmar que mi yo ventiañero se siente desbordado de felicidad por haber aprendido a escribir en manuscrita, y una felicidad aún más inmensa por estar cumpliendo una de las más grandes metas de este viaje: estudiar en la facultad.
El viaje que inicié en el colegio me llevo a leer variedades de cuentos, novelas, obras de teatro, relatos breves o simplemente notas periodísticas. Ese viaje duraría varios años y estaba decidida a no bajarme. Confieso que al principio la lectura no era Santa de mi devoción, a medida que iba creciendo e iba dándome cuenta de que el mundo de la lectura iba más allá de los textos escolares, y que podía decidir que leer, empecé a tomarle ese gustito especial y emocionante que tiene ella tiene. Mi avión había despegado y sólo aterrizaba cuando un libro finalizaba.
Todos los viajes que hice llevaron mi mente a miles de realidades aunque mi cuerpo siempre se mantuviera en Bernal. Gracias a la lectura llegué a lugares impensados: pude descubrir el mundo dentro de un caparazón de la mano de Gregorio Samsa en La Metamorfosis de Kafka; trasladarme al mundo teatral con la ayuda de Alejandro Casona y su Barca sin Pescador, y entre tantos otros viajes conocer Chile acompañada por Eva Luna, creación de Isabel Allende. Por supuesto tuve que hacer viajes por obligación, Platero y Yo fue uno de esos viajes agobiantes, sólo recuerdo que se trataba de un burro. Con ese libro aprendí que muchas veces los destinos pueden ser aburridos al punto de causarnos incontables bostezos, pero eso no debe llevarnos a abandonar el viaje.
Estoy segura de que en este recorrido dejo sin nombrar a muchos libros de autores reconocidos que me dio placer leer como a Charlotte Brönte con su toque de amor en Jane Eyre, pero a pesar de no nombrarlos ellos siguen ahí, en mi hoja de ruta, en mis fotos de viaje, en mi memoria; una memoria que está dispuesta a no olvidar y a seguir incrementando viajes que si hubiera que pagar serían impagables. Fueron y serán viajes imaginarios que uno vuelve a elegir con cada libro que agrega a su colección.
Luciana Paz
miércoles, 23 de marzo de 2011
lunes, 14 de marzo de 2011
Vos sabes lo que haces y tus razones tendras para no creer en nada; mas existen IMPERTINENTES que son libertinos sin saber por qué y que ALARDEAN de espíritus fuertes porque creen que esto les sienta bien. Pero si yo tuviera un amo así, le diría claramente y mirándolo de frente: ¿ Te burlaste así del cielo y no temes burlarte, como lo haces, de las cosas santas ? ¿ Es caso nuestra misión, renacuajo, gusano insignificante TOMAR A BURLA lo que todos los hombres reverencian ? ¿ Crees que por ser de alcurnia, por llevar una peluca rubia y bien rizada, un chapeo con plumas, una casaca bordada en oro y unas cintas color de fuego; crees, repito, que sos por eso UN HOMBRE MÁS LISTO?
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