martes, 24 de marzo de 2015

La trascendencia de un campeón
Autora: Luciana Paz
 A José Fernando Paz,  o Coco, como todos lo conocen, el paso del tiempo le dejó escasas huellas de tinte blanco entre su bigote y corta cabellera. A los 86 años sus rasgos físicos falsean su experiencia y lo hacen parecer más joven. Su vitalidad, jovialidad están tanto en su andar como en las actividades que realiza de lunes a lunes.  
Hoy está jubilado, pero diariamente trabaja en su gimnasio de Lomas de Zamora como kinesiólogo. Junto a él, su hijo y su nuera se encargan del área de musculación y rehabilitación. “Si no trabajo me aburro, no sé qué hacer, me siento inútilafirmó Paz mientras pone uno de los tantos CD de música clásica que usa para sus pacientes.
Nació en 1928 en Capital Federal, pero sus raíces están en el sur. Desde muy chico su familia decidió cruzar el puente y se instaló en la zona de Avellaneda. En 1945 empezó a practicar gimnasia deportiva y tenis en Club Alemán de Avellaneda y en Racing. Cuando “La Academia” le quedó chica se pasó al Club San Lorenzo de Almagro. El polvo de ladrillo había calado hondo y Paz ya no lo disfrutaba como al principio entonces le dijo a sus ex compañeros de tenis ‘ustedes sigan jugando, después vengan a buscarme al gimnasio’.  “Yo no sabía qué era una gimnasio pero necesitaba salir del ladrillo”.
“Karadagian y Pascual Perez se entrenaban ahí, eran nadie, como yo” recuerda Paz. San Lorenzo era el único club que estaba preparado para todas las especialidades, por eso era cuna de campeones. Cuando entró al gimnasio todos se dieron vuelta para mirarlo: chomba, pantalones de tenis y raqueta. Su aspecto no encajaba entre los aparatos pero ya no había vuelta atrás.
 Se acercó al profesor de gimnasia deportiva y le pidió permiso para utilizar las paralelas “Yo sabía lo que iba a hacer, entrené muchos años en Avellaneda, no era un improvisado”, agrega. Las miradas seguían sobre su cabeza, todos estaban esperando que se equivocara, “a decir verdad” confiesa, “tenían ganas de reírse del ‘chetito’ que jugaba al tenis”. “El profesor me advirtió: ‘mejor que sepas usarlos porque si no te vas a comer la gastada de tu vida’. Al recordarlo una leve sonrisa se le dibuja en su rostro. Esa advertencia fue el punta pie inicial para lo que vendría luego. Se puso magnesio en las manos, pegó un salto y subió a las barras, dio un doble salto, tres ‘gran vueltas’, giro final y salida perfecta sobre la colchoneta. Todos asintieron con la cabeza, le dirigieron miradas de aprobación. Coco sintió que se había ganado su lugar en el gimnasio.
Después de semejante hazaña, un hombre se acercó a él  y le preguntó su peso, Paz respondió “55, 56, no sé exactamente”. El señor necesitaba saber más “¿No querés levantar pesas?”. Desconcertado por la oferta Coco le preguntó “¿Qué es eso?’” Y así es como los campeones surgen, de la nada.
Lo llevaron a un sector del gimnasio donde había unas tablas en el piso,  le marcaron unas pautas de trabajo y pusieron en frente suyo una barra con discos de pesas a ambos lados. Paz la tomó, con decisión e incertidumbre, aplicó la técnica y “pum” la levantó. Sin rendirse siguió subiendo la barra, a la que les iban agregando más peso. Desde lejos se oyó “Pare, pare ¡Ya está!”. Era Manolo Rivas, el coordinador del área de educación física de San Lorenzo. Lo citó el domingo a las nueve de la mañana y le advirtió “le conviene venir sino no aparezca nunca más por el club” tras ver la cara de desconcierto en Paz agregó “pibe, acabás de levantar el record argentino, así que venite que arrancas a entrenar”. Fueron las últimas palabras de Manolo y las primeras en la carrera de las pesas para Paz
Al mes tuvo su primera competencia en el club Vélez Sarsfield. Todo su cuerpo le temblaba, desde las piernas hasta el espíritu. La rutina era siempre la misma: ponerse magnesio, caminar hasta la tarima y hacer la gracia de levantar muchos kilos. Paz caminó hasta la tarima, miró a sus compañeros, a los jueces y volvió a su objetivo. Tomó fuerte la barra, flexionó sus rodillas, dio envión y en menos de lo que canta un gallo la tenía sobre su cabeza. Por unos segundos el mundo se detuvo en la fuerza de sus manos,  todos sus músculos entraron en guerra contra el cansancio. “Bato el record y el total de la marca, fue un batacazo”, agrega orgulloso de su actuación y desempeño deportivo. A partir de ahí ascendió profesionalmente y comenzó su carrera en primera división.
 En 1951 se realizaron los primeros Juegos Panamericanos en Argentina, organizados por el entonces presidente Juan Domingo Perón. Emocionado, recuerda el apoyo que el jefe de Estado le otorgó a los deportistas y a él. “Yo no lo podía creer, un presidente mandándome una carta, algo que nunca imaginé, era de puño y letra eh, nada de copia”. En ella exhortó a los deportistas a ser fuertes y perseverantes para alcanzar el triunfo. Hoy Paz luce entre su pared de diplomas la carta que le envió Perón. La alegría se oye en su voz cada vez que recuerda la anécdota, es un orgullo que no merece ser olvidado.
En 1956 se realizó un campeonato en Perú que reunía varias disciplinas, entre ellas el levantamiento de pesas. A la hora del almuerzo, en el comedor común, había cientos de deportistas que se abalanzaban sobre un menú estrictamente preparado para reponer energías. Entre el acostumbrado bullicio de un lugar colmado de gente se oyó una voz gruesa que repetía incesantemente “Paz, Paz de Argentina, ¿Dónde está?”, con la misma cara de desconcierto que puso ese día cuenta, “Yo no entendía nada, todos me miraban preocupados”. Pense “¿Qué cagada me mandé?”. “No le puedo decir nada, sólo que mañana esté listo que a las 9 de la mañana lo pasamos a buscar”.
Al día siguiente, de punta en blanco con el uniforme del equipo argentino, Paz esperó con incertidumbre su futuro dentro de un auto del Ejército Peruano. Con tono de voz alto y firme el gendarme le comunicó “Paz, usted tiene cita con el presidente de nuestro país, baje y anúnciese en la recepción”. Ingresó al despacho con las rodillas temblando, lo invadía una mezcla de ansiedad y nervios, prefiere estar frente a una pesa con 200 kilos que en esa situación. Tragó saliva y con su mirada hizo una rápida requisa por el escritorio y descubrió una fotografía en la que aparecía. Con un grito de sorpresa exclamó “¡Belaúnde Terry!”. Coco y el presidente de Perú se habían conocido durante los Juegos organizados por Perón en 1951 cuando Terry no había asumido aún la presidencia. “Yo no lo podía creer, estaba en otro país, recorriendo la casa de gobierno, si en ese momento en Argentina pasabas por la puerta de Casa Rosada te llevaban preso”, afirmó Paz.
  Gracias a su entrega total para el deporte y sus resultados exitosos tuvo el apoyo financiero de cada club para los que compitió y en los torneos mundiales era respaldado por el Comité Olímpico. Pero a pesar de saber cómo se manejaban los trámites burocráticos para obtener el dinero para viajar, Paz recuerda “cuando fueron los campeonatos de Puerto Rico, España y Orlando yo me mandé la macana de pagarme todo, por apurado, sin esperar que me mandaran la plata”.
No todo lo que brilla es oro y Coco lo deja bien en claro “No se podía comer con el levantamiento de pesas, al contrario había que dejar plata en el camino”. Cuando San Lorenzo le abrió las puertas para ser preparador físico aprovechó la oportunidad y se inscribió en los cursos que daba el club, y así se sumó de forma permanente al equipo de kinesiólogos de la Institución.
Luego de unos años pasó como preparador físico al Club Independiente de Avellaneda. “Dejar San Lorenzo fue duro fue el lugar que me vio nacer como deportista pero necesitaba comodidades e Independiente me quedaba cerca de mi casa y me permitía pasar más tiempo con mi familia”, recuerda afligido pero conforme con su decisión.
A pesar del malestar que les causaba a los dirigentes del club, por sus constantes faltas, Paz siguió compitiendo con el levantamiento de pesas. Tiempo después, y con otra oferta en puerta, decidió hacerse a un lado y comenzó a desarrollar su trabajo de kinesiología en el club Boca Juniors. En simultáneo abrió su propio gimnasio en la zona de Avellaneda, cerca de la central de Independiente y frente al actual Teatro Colonial, “No lo podía creer, se llenó de gente a la semana de abrir, era seguro que iba a andar bien” afirmó Paz con mucho orgullo. Con el éxito inesperado del gimnasio y su crecimiento profesional como kinesiólogo se alejó de los clubes y empezó a trabajar por su cuenta.
Más allá de todo nunca abandonó la pasión por las pesas y aprovechó su gimnasio para entrenar. Una vez alejado de los torneos estuvo encargado del entrenamiento de la Selección Argentina de Pesas y de la búsqueda de nuevos talentos. “Recorría todas las provincias buscando a jóvenes, cómo lo fui yo, que quisieran crecer en el deporte y tuvieran la capacidad y pasión para hacerlo”, recuerda.
De a poco todo pasó, renunció a su puesto en la selección y sólo se quedó con el gimnasio y sus pacientes de kinesiología. Su pasado fue exitoso y admirable y en su presente están las marcas de una vida intensa.

 “Hoy quiero trabajar y disfrutar de mi vida con mis hijos, mis nietos y mi pequeña bisnieta”, afirma con una amplia sonrisa, mientras termina de acomodar sus aparatos para el próximo paciente que aguarda en la puerta.
El compromiso y la actuación - Entrevista a Mercedes Funes
Autora: Luciana Paz
Mercedes Funes es actriz y con 34 años tiene un largo camino recorrido en televisión y teatro. Asume el estigma de ser la mala de las novelas y eso le encanta. Tiene una vida humilde, solidaria y familiar que trasciende el escenario. Actualmente realiza la exitosa comedia Le Prenom en calle Corrientes, donde sale de la comodidad del drama para enfrentarse a la inmensidad de las risas.

Una multitud de personas en traje y tacos altos se desplaza hacia la zona del bajo porteño. Son casi seis de la tarde y el centro se vuelve un caos del que es mejor escapar. Se advierte entre la gente a  una mujer de lentes que se detiene en el bar frente al Multiteatro, Se quitó los lentes, ingresó al bar saludando amablemente a todos los empleados y se dispuso en una de las mesas para comenzar la entrevista.
-¿Dónde preferís trabajar?
En teatro, porque es más artesanal. La repetición de las funciones permite seguir encontrando cosas del personaje, uno puede seguir profundizando su rol, ejercitar la sutileza y crecer a nivel actoral.
-¿Qué género te gusta más?
Prefiero el drama, porque soy melodramática. Te permite ahondar más en los textos y generar una situación de mayor introspección ser más profunda y es en ese lugar que me siento más cómoda.
-¿Cómo te llevas con la comedia?
Es super difícil, lo vivo en cada función de Le Prenom, es un oficio donde hay que estar muy despierto para saber percibir en qué momento exacto vos estás haciendo las cosas bien, cuando sos siendo efectivo. Yo tengo que laburar en construir la comedia, no me sale naturalmente, pero es útil porque se presenta como un desafío.
-¿Qué estilo de personaje preferís?
Las malas son más impunes entonces es más divertido. La buena siempre tiene una línea: se enamora del chico en el capítulo uno y recién está con él al final. En cambio la mala, si bien tiene un objetivo claro (separar a la pareja) se puede quedar ciega, finge un embarazo, es  buena y después loca. Es un papel que te permite jugar y, sobre todo, divertirte.
-¿Qué actitud tiene que tener un actor frente a su actividad?
Debe ser siempre una persona predispuesta, sino se tiene que dedicar a otra cosa. Una obra de teatro es un trabajo en equipo y un programa de televisión también lo es, aunque haya individualidades y todos quieran brillar, tiene que haber una armonía, yo sino no puedo trabajar, a decir verdad es como en cualquier ambiente. También hay quienes que prefieren laburar donde están en constante conflicto y que más importante sea la actuación individual sin tener presente a los compañeros. Ahora en Le Prenom hay un equipo espectacular, por ejemplo, Federico D’Elia es un actor y una persona que siempre está atenta a todos, se preocupa y ocupa de cada compañero para que podamos brillar con el mismo destello.
-¿Cómo es Mercedes fuera del escenario?
Soy muy tranquila y pensante. A pesar de tener un vuelo artístico y una cabeza que no para, soy muy terrenal. Me ayuda que en el horóscopo me tocó un signo de tierra y quizás tenga algo que ver. Soy todo lo contrario a la actriz, me gusta escuchar al otro y hablar poco de mí. Tengo una actitud más introspectiva, no necesito ni me gusta ser el centro o la protagonista en lo cotidiano.
-¿Tenés algún hobbie?
Ahora intervengo muebles aunque, voy cambiando siempre tienen relación con la idea de embellecer algo. Para mí es muy importante hacer algo que me permita salir de la presión de lo cotidiano. El día a día te exige resultados, en cambio un pasatiempo no. Uno busca que le quede lindo pero no tenés que responder ante nadie por eso.
-¿Cuál era tu sueño a los 10 años?
Ser actriz
-¿Quién fue Carlos ‘Chango’ Funes?
Mi papá Un tipo honesto que vino del interior con lo justo, laburó desde muy chiquito y se hizo solo. Se casó con mi mamá muy joven y pudo traerla a Buenos Aires juntando plata de a poco con mucho esfuerzo pero sobre todo con amor y sin quejas. Por eso siempre nos enseñaron a valorar lo sencillo, el trabajo y la familia.
MI viejo fue político y murió como Senador de la Nación en ejercicio. Su carrera la hizo de la nada, desde su cabeza. Creo que el ajedrez lo ayudó mucho, le permitió pensar de manera inteligente y paciente. Nunca logró comprar una casa con su sueldo, porque él no robó. Mis viejos son un ejemplo a seguir 100 por ciento. Nos enseñaron valores de familia que tienen que ver con la nobleza, el amor y la contención. En mi casa podríamos estar pasando la peor de las tragedias pero siempre estábamos juntos. Mis viejos se ocuparon de nosotros, fueron padres presentes, nos aconsejaron y sobre todo nos acompañaron.
-¿Y Nelly?
Mi vieja era actriz pero lo dejó para practicar el oficio más noble de todos, ser mamá. Era muy particular, hija de inmigrantes italianos que siempre tuvieron un oficio pero nunca les sobró dinero, vivían con lo justo, al igual que la familia de mi viejo. Siempre tuvo una cosa que de chica me molestaba: nos llevaba a un cotolengo que estaba a la vuelta de casa y hacía que jugáramos con chicos discapacitados para aprender a integrar al diferente y a veces directamente los traía a casa. A mí no me gustaba todo eso pero algo me quedó. Ella nunca le hizo asco a nada, nos hacía ir debajo de la autopista con una olla  y darle de comer a la gente que dormía ahí. ¿Viste la frase de Los Redondos “El lujo es vulgaridad”? Bueno, se habrán inspirado en mis papás. Para mi madre era obsceno tener más de un regalo en navidad. Siempre había uno sólo,  por más que hubiera plata. Los banquetes, las compras excesivas, todo era un derroche. Eso compartía con mi papá, ellos siempre vivían donando, nunca le vi en el placard más de tres cambios de ropa. Papá era peor tenía un solo traje para ir al Senado, vivía luchando para que se comprara otro. A mí sí me gusta comprarme ropa, pero hay algo de lo que hizo mi mamá que me marcó y me distingue. Puedo meter las manos en el barro sin que  me espante. Mis viejos eran iguales y me dejaron muchas cosas lindas. Creo que eran dos personas que nacieron para estar juntas, tenían muchos rasgos en común y compartían la forma  de ver el mundo.



-¿Qué más te enseñaron tus padres?
A involucrarme, a no mirar desde la vereda de enfrente y después contarlo como anécdota. Mi mamá desbarató sola una banda de tráfico de niños. A la vuelta de casa había un supuesto hogar para chicos especiales que comercializaba bebes y usaba a los discapacitados como pantalla. Ella se metía todo el tiempo y cuando empezó a dudar de lo que hacían llamó a un noticiero que eran conocidos de mi viejo, llamó a la policía y así pudieron terminar con todo eso. Lo logró por meter las manos en el barro y no quedarse sentada mirando pasar a los nenes.
-¿Realizas actividades solidarias como tus padres?
Acompaño la causa de los animales, trato de dar difusión desde mi pequeño lugar, llevo a las acciones todo lo que digo. Con mi novio, Fernando, somos iguales, como mis padres, nacimos para encontrarnos. Estamos todo el tiempo curando animales. Tenemos un cuartito en casa al que nuestros amigos llaman ‘El Hospitalito’ por ahí pasan ciento de animales para curarse: palomas, perros y gatos, la mayoría muere porque vienen hechos pelota, pero al menos lo hacen dignamente. A decir verdad yo no soy la que pone las manos en el barro, como la gente del campito, sólo difundo desde los medios que tengo. Cada uno puede decidir qué hacer con lo que tiene y a mí me hace muy feliz ver bien a los animales y si mi difusión ayuda lo hago.  Existen muchas injusticias para con los animales, no hay leyes que los amparen y ellos no pueden luchar por eso, yo sí.
-¿Cuál es tu sueño ahora?

Ser mamá, que es dar el gran paso, reconocer el verdadero sentido de la vida, es traer al mundo a alguien que nos va a trascender. Tener un hijo es tomar conciencia de nuestra propia muerte. Después me quedan deseos a corto plazo como terminar de decorar mi casa o irme de vacaciones.
Desaparición deportiva
 Autora: Luciana Paz
Gustavo Veiga, escritor, periodista y docente, presentó el pasado 9 de junio la miniserie documental basada en su libro “Deportes, desaparecidos y dictadura” en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires como parte de la celebración de la Semana del Periodista. Junto a él se encontró Julián Axat, abogado, docente, escritor e hijo de desaparecidos, quien colaboró con la investigación del autor.
“La historia puede ser contada en otro lado, desde el deporte”, así resumió Julián Axat al trabajo que realizó Gustavo Veiga, quien logró trasladar del papel a la televisión el libro editado en 2006 bajo el mismo nombre que la serie donde cuenta la historia de jóvenes deportistas y militantes que durante la dictadura de 1976 fueron secuestrados, muchos de ellos aparecieron sin vida y otros aún siguen desaparecidos.
El deporte permitió mostrar la dictadura desde otra perspectiva. Los protagonista fueron presentados como “seres humanos de una sola pieza, individuos con diferentes actividades pero de una dimensión completa: deportistas, militantes, algunos estudiantes, buenos hijos y familieros”, afirmó Veiga como descripción del trabajo que realizó.
Frente a un público compuesto en su mayoría por estudiantes se proyectaron dos capítulos de la serie, el del futbolista Gustavo Olmedo, conocido como ‘Papilo’, y el de La Plata Rugby Club. Durante la dictadura la institución perdió a 20 de sus jugadores de diferentes divisiones, edades y años, entre ese número se encuentra el padre de Axat al que él recordó como un “tipo alegre, fanático de la música y que se caracterizó por siempre levantarle el ánimo a sus compañeros de equipo y de centro de detención”. Con este capítulo se justificó la presencia del abogado por la cercanía con uno de los protagonistas, su padre.
La investigación que realizó Gustavo Veiga con la ayuda de Axat permitió no sólo el lanzamiento de un libro sino la reconstrucción de la historia que toca las fibras de un país dañado por un proceso que dejó huellas imborrables en la sociedad. Por su parte Axat, gracias a la convocatoria del autor logró hacer de su pasado y de la vida de sus padres un presente, “Gustavo me motivó a buscar en mi identidad y en mi historia, a relacionar a mi padre deportista y su vinculación con la militancia”.
En 2006 Gustavo Veiga editó su libro “Deportes, desaparecidos y dictadura” que luego de algunos años se transformó en lo que se presentó como mini serie documental gracias al concurso del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA). Actualmente la producción forma parte del Banco Audiovisual de Contenidos Universales en Argentina (BACUA) a disposición de los canales que acuerden con esa institución las condiciones para su difusión.

Hace 32 años que la democracia le puso fin al período más oscuro de Argentina. Durante los seis años que duró la dictadura muchas cosas sucedieron: presidencias, crisis financieras, un conflicto con Chile, un mundial ganado, una guerra y un territorio perdidos, pero por sobre todas las cosas el Proceso de Reorganización Nacional dejó 30 mil desaparecidos que rozaron todas las esferas de la sociedad, hasta el deporte y hoy gracias a la investigación de Gustavo Veiga la sociedad puede conocer más sobre la dictadura, sobre sus consecuencias y dimensiones. 
Alimentos saludables per tutti
Autora: Luciana Paz
La feria de productos saludables y orgánicos Buenos Aires Market se instaló el 24 y 25 de mayo en Parque Las Heras. Con un acceso libre y gratuito se desarrolla un fin de semana por mes en diferentes barrios de la ciudad.
Los alimentos saludables se convirtieron en el boom de los últimos años. Para muchos la fast food se transformó en fast good y el permitido cambió a ricas y enérgicas hamburguesas de lentejas, arroz integral y soja. La sociedad de a poco se acostumbró a una nueva moda: ocuparse de los triglicéridos, el colesterol y la hipertensión. La picadita, el delivery y el asado pasaron a segundo plano, llegó la era de la raw food, la chía, las semillas de cardamomo y las verduras de la huerta.
La vida sana se impuso en la ciudad  de la inmediatez y el exceso y para ayudar a perpetuarla llegó Buenos Aires Market, una feria de productos saludables y orgánicos que se desarrolla un fin de semana por mes en diferentes barrios de la ciudad: Barrancas de Belgrano, Bosques de Palermo, Caballito y Barracas. Ofrece acceso libre y gratuito con el atractivo de productos para degustar sin cargo y comprar a ‘precio promocional’.
El sol de un invierno anticipado coloreaba de amarillo todo lo que había a su paso: el tren, la vía, las calles, los carteles y hasta la gente. El domingo en  Buenos Aires era diferente al resto de la semana, la calma antes del huracán lunes, relajado, silencioso y atípico. Un 25 de mayo en el que se conmemoraba el Día de la Patria y todas las solapas de los sacos exhibieron sus escarapelas.
 Un extenso predio con verde por doquier se llenó con más de 50 puestos que seguían un camino de asfalto, en el centro había dispuesto un grupo de mesas largas cubiertas con manteles de color violeta rodeadas por sillas de maderas. Se diseñó un espíritu de fiesta popular para llevar al mundo el mercado de pocos.
Cada puesto tenía su decoración particular pero parece ser que los banderines fueron condición excluyente para participar. Los colores estaban por todos lados: ropa, comidas y hasta en las caras. Aromas que invitaban a probar lo que apareciera en el camino, los dulces se llevaron todas las miradas y nadie podía irse sin siquiera degustar un cuadradito de torta de zanahoria y banana, un clásico ferial.
Buenos Aires Market nació como una feria para productos orgánicos, pero con la masividad que cobró y el beneficio económico que dio a los vendedores llegó a convertirse en una feria de productos convencionales. La esencia del mercado ser perdió en el capitalismo y la necesidad de cubrir espacios. Marcela Blinch, ingeniera agrónoma y encargada de uno de uno de los puestos, explicó que en la producción de las verduras y frutas que ellos comercializaban no se usaron agroquímicos y se respetaron las normas establecidas por la Organización Internacional Agropecuaria (OIA), lo que debe ocurrir con todos los artículos que enarbolen la bandera de lo orgánico. Su stand es uno de los pocos que respetan la categoría inicial del Market.
Especias, panes con semillas,  tea blends y macetas orgánicas estaban a la orden del día. Algunos productos eran figurita repetida en varios de los puestos: empanadas de soja, aceite de oliva, tortas con amapola y  jugos naturales.
Los alimentos funcionales se abrieron camino desde el Market al mundo, con sus componentes específicos y naturales buscan mejorar ciertos aspectos de la salud. Dr. Deli se desarrolló en Argentina como la nueva manera de optimizar el tránsito intestinal, sumar  energía y reducir el colesterol. Las semillas son el componente estelar, dividiéndose en tres presentaciones la barrita de cereal, el juguito en polvo sin azúcar y el mix para mezclar en sopa, ensalada, yogurt o donde se quiera. Martín, uno de los socios fundadores tras recomendaciones nutricionales decidió incorporar semillas en su vida para reducir el colesterol, cuando las quiso adquirir divisó un hueco en la oferta de los almacenes naturistas y, con la ayuda de sus primos,  hicieron de la falta un negocio. Ellos obtienen un doble beneficio: juntan dinero y regularizan al comprador. “Nosotros ganamos plata de manera sustentable no vendiendo nada raro, llevamos un tiempo consultando con nutricionistas junto con una estrategia de comunicación, todo implica mucha plata invertida que aún no hemos recuperado.”
Las mujeres de ponchos, lentes de sol y labial rosa perlado se hicieron lugar en todas las degustaciones, pasaron de puesto en puesto a lo largo de toda la feria, los orgánicos cancheros fueron directo a los stands de siempre “Nos la conocemos de memoria ya somos amigos de los feriantes”. En cambio, los fashion food cayeron en un puesto simpático, bien decorado, ordenadito buscando frutas y verduras ‘de la huerta’ sin preguntar sobre su cosecha, resulta ser que esa huerta tuvo al pesticida como condimento especial y el rótulo de orgánico se cayó en la bolsita y bandejita de plástico.

Un vez más lo saludable se confundió con lo orgánico y quienes desconocieron la movida de la feria llevaron a su casa una bolsa de papines cultivada en la misma tierra que la verdulería de la vuelta, pero lo consiguieron a precio promocional para crédulos. 
Voluntad de Donación
Autora: Luciana Paz
El Instituto de Trasplante de la Ciudad de Buenos brindó, el pasado 7 de mayo en la sala Leopoldo Lugones, una conferencia en el marco de la 40°edición de la Feria del Libro que se realiza en la Rural hasta el 12 de mayo.
“Es un Estado de amor en su máxima pureza”, así definió a la donación el doctor Luis Rojas, cirujano del área de trasplante del Hospital Garraham y uno de los expositores de la tarde. Junto a él se encontraron: María del Carmen Bacqué, presidente del Instituto de Trasplante; Augusto Vallejos, director de Instituto; Rubén Eschivelli, jefe del servicio de trasplante del Hospital Argerich y María Oballa, paciente trasplantada.
A las tres de la tarde en la sala Leopoldo Lugones del pabellón azul se daba comienzo a la charla sobre la importancia de la donación de órganos y el trasplante. La capacidad era de 200 personas pero sólo la mitad de las sillas fueron ocupadas. Una presentación formal dio por presentados a los oradores y un video brindó información histórica acerca de Argentina como país avanzado en la materia.
El Instituto de Trasplante de la Ciudad de Buenos Aires se terminó de constituir en 2009 y por la Ley 3294/09 depende del Ministerio de Salud.
Desde 1986 se trabajó para que el acceso a un trasplante no sea cuestión de posición económica sino que todos los habitantes del país tengan las mismas oportunidades gracias al sistema de salud público. Argentina es uno de los pocos países que cuenta con una administración pública que regule la situación, a pesar de esto “aún queda mucho trabajo por hacer”, afirmó la presidente del Instituto.
De a poco los oradores fueron introduciendo información tanto institucional como general sobre la donación como un acto de altruismo. En 2000 se creó el Banco Nacional de Donantes que amplió, reguló y legalizó el proceso, gracias a esta entidad actualmente en Argentina existen 49 equipos que se encargan de trabajar en el área de trasplante, “Hasta el día de hoy se llevan realizados alrededor de 600 trasplantes en hospital público”, informó orgulloso el cirujano Rojas.
Uno de los niños presentes en la sala preguntó cuál era el proceso para conseguir un órgano, luego de una risa cómplice con sus colegas el doctor Vallejos informó que existe una base de datos online para que cada paciente pueda seguir la situación de su caso. Una vez que se indicó que una persona reúne las condiciones necesarias para recibir un trasplante se le otorga un código que le va a permitir ingresar desde su casa y así acceder al historial completo de su solicitud, le permite conocer, por ejemplo, el número de orden en el que está dentro de la lista del Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI). Con éste sistema se buscó, entre otras cosas, poder desmitificar la existencia de un mercado ilegal de órganos que comienza desde el hospital es por eso que gracias a la base de datos se logró organizar la selección y brindar seguridad y confianza a los pacientes.
 “Por cada persona que fallece se pueden salvar ocho vidas”, afirma el doctor Eschiveli, quién además instaló entre el público la importancia que tiene el dar consentimiento en vida para donar los órganos, ahora bien, cuando ese ideal no se cumple, explicó el doctor,  va a ser necesario obtener la aceptación de la familia de quien fallece. A pesar de esta necesidad la moneda tiene otra cara, en Argentina existe la Ley de Consentimiento Presunto: establece que sí una persona no expresó en vida la voluntad de donar se da por sentado que lo es, aunque por cuestiones éticas primero se debe consultar a la familia.
Entre los espectadores se encontraba una de las especialistas que forma parte de cuerpo de asistencia psicológica del Instituto. Su tarea, y las de todos los que componen el sector, tiene suma importancia. Son los encargados de la contención a familias que perdieron a un ser querido, es un trabajo duro porque más allá de la asistencia buscan que acepten la voluntad de donación. La doctora Bacqué explicó que la dificultad de la tarea  que llevan adelante los psicólogos surge por la causa de muerte, es decir, quienes fallecieron en accidentes o de forma repentina suelen ser los más aptos para donar pero sus familias se encuentran en una situación de shock e incertidumbre traba el trabajo de los psicólogos y una toma de decisión.
En Argentina existen: un banco de donantes, equipos de médicos especializados y sectorizados a lo largo del país, hospitales públicos, base de datos trasparente, Ley de Consentimiento Presunto y mayor cantidad de éxitos que fracasos en materia de trasplante. Pero aún hay 5.798 personas que esperan algo más que un órgano, esperan la oportunidad de seguir trabajando, estudiando, bailando en suma: seguir viviendo.

“Donar no es sólo un acto de amor, es un acto de trascendencia”, reflexionó el doctor Vallejos. Aceptar ser donante puede que para muchos fuera una decisión difícil de tomar pero para unos pocos, que ascienden en número año a año, es una oportunidad de vida. El precio de una vida es incalculable como lo es también darle la oportunidad a alguien de que continúe la suya. Es la posibilidad de darle a uno la chance de vivir dos vidas: la suya y la del donante.