El
compromiso y la actuación - Entrevista a Mercedes Funes
Autora: Luciana Paz
Mercedes
Funes es actriz y con 34 años tiene un largo camino recorrido en televisión y
teatro. Asume el estigma de ser la mala de las novelas y eso le encanta. Tiene
una vida humilde, solidaria y familiar que trasciende el escenario. Actualmente
realiza la exitosa comedia Le Prenom en calle Corrientes, donde sale de la
comodidad del drama para enfrentarse a la inmensidad de las risas.
Una
multitud de personas en traje y tacos altos se desplaza hacia la zona del bajo porteño.
Son casi seis de la tarde y el centro se vuelve un caos del que es mejor
escapar. Se advierte entre la gente a una mujer de lentes que se detiene en el bar frente
al Multiteatro, Se quitó los lentes, ingresó al bar saludando amablemente a
todos los empleados y se dispuso en una de las mesas para comenzar la
entrevista.
-¿Dónde preferís trabajar?
En
teatro, porque es más artesanal. La repetición de las funciones permite seguir
encontrando cosas del personaje, uno puede seguir profundizando su rol, ejercitar
la sutileza y crecer a nivel actoral.
-¿Qué género te gusta más?
Prefiero
el drama, porque soy melodramática. Te permite ahondar más en los textos y
generar una situación de mayor introspección ser más profunda y es en ese lugar
que me siento más cómoda.
-¿Cómo te llevas con la comedia?
Es super
difícil, lo vivo en cada función de Le
Prenom, es un oficio donde hay que estar muy despierto para saber percibir
en qué momento exacto vos estás haciendo las cosas bien, cuando sos siendo
efectivo. Yo tengo que laburar en construir la comedia, no me sale
naturalmente, pero es útil porque se presenta como un desafío.
-¿Qué estilo de personaje preferís?
Las
malas son más impunes entonces es más divertido. La buena siempre tiene una
línea: se enamora del chico en el capítulo uno y recién está con él al final. En
cambio la mala, si bien tiene un objetivo claro (separar a la pareja) se puede
quedar ciega, finge un embarazo, es buena y después loca. Es un papel que te
permite jugar y, sobre todo, divertirte.
-¿Qué actitud tiene que tener un actor
frente a su actividad?
Debe
ser siempre una persona predispuesta, sino se tiene que dedicar a otra cosa. Una
obra de teatro es un trabajo en equipo y un programa de televisión también lo
es, aunque haya individualidades y todos quieran brillar, tiene que haber una
armonía, yo sino no puedo trabajar, a decir verdad es como en cualquier
ambiente. También hay quienes que prefieren laburar donde están en constante
conflicto y que más importante sea la actuación individual sin tener presente a
los compañeros. Ahora en Le Prenom
hay un equipo espectacular, por ejemplo, Federico D’Elia es un actor y una
persona que siempre está atenta a todos, se preocupa y ocupa de cada compañero
para que podamos brillar con el mismo destello.
-¿Cómo es Mercedes fuera del escenario?
Soy
muy tranquila y pensante. A pesar de tener un vuelo artístico y una cabeza que
no para, soy muy terrenal. Me ayuda que en el horóscopo me tocó un signo de
tierra y quizás tenga algo que ver. Soy todo lo contrario a la actriz, me gusta
escuchar al otro y hablar poco de mí. Tengo una actitud más introspectiva, no
necesito ni me gusta ser el centro o la protagonista en lo cotidiano.
-¿Tenés algún hobbie?
Ahora
intervengo muebles aunque, voy cambiando siempre tienen relación con la idea de
embellecer algo. Para mí es muy importante hacer algo que me permita salir de
la presión de lo cotidiano. El día a día te exige resultados, en cambio un pasatiempo
no. Uno busca que le quede lindo pero no tenés que responder ante nadie por
eso.
-¿Cuál era tu sueño a los 10 años?
Ser
actriz
-¿Quién fue Carlos ‘Chango’ Funes?
Mi
papá Un tipo honesto que vino del interior con lo justo, laburó desde muy
chiquito y se hizo solo. Se casó con mi mamá muy joven y pudo traerla a Buenos
Aires juntando plata de a poco con mucho esfuerzo pero sobre todo con amor y
sin quejas. Por eso siempre nos enseñaron a valorar lo sencillo, el trabajo y la
familia.
MI
viejo fue político y murió como Senador de la Nación en ejercicio. Su carrera
la hizo de la nada, desde su cabeza. Creo que el ajedrez lo ayudó mucho, le
permitió pensar de manera inteligente y paciente. Nunca logró comprar una casa
con su sueldo, porque él no robó. Mis viejos son un ejemplo a seguir 100 por
ciento. Nos enseñaron valores de familia que tienen que ver con la nobleza, el
amor y la contención. En mi casa podríamos estar pasando la peor de las
tragedias pero siempre estábamos juntos. Mis viejos se ocuparon de nosotros,
fueron padres presentes, nos aconsejaron y sobre todo nos acompañaron.
-¿Y Nelly?
Mi vieja
era actriz pero lo dejó para practicar el oficio más noble de todos, ser mamá. Era
muy particular, hija de inmigrantes italianos que siempre tuvieron un oficio
pero nunca les sobró dinero, vivían con lo justo, al igual que la familia de mi
viejo. Siempre tuvo una cosa que de chica me molestaba: nos llevaba a un
cotolengo que estaba a la vuelta de casa y hacía que jugáramos con chicos discapacitados
para aprender a integrar al diferente y a veces directamente los traía a casa.
A mí no me gustaba todo eso pero algo me quedó. Ella nunca le hizo asco a nada,
nos hacía ir debajo de la autopista con una olla y darle de comer a la gente que dormía ahí.
¿Viste la frase de Los Redondos “El lujo es vulgaridad”? Bueno, se habrán
inspirado en mis papás. Para mi madre era obsceno tener más de un regalo en
navidad. Siempre había uno sólo, por más
que hubiera plata. Los banquetes, las compras excesivas, todo era un derroche.
Eso compartía con mi papá, ellos siempre vivían donando, nunca le vi en el
placard más de tres cambios de ropa. Papá era peor tenía un solo traje para ir
al Senado, vivía luchando para que se comprara otro. A mí sí me gusta comprarme
ropa, pero hay algo de lo que hizo mi mamá que me marcó y me distingue. Puedo
meter las manos en el barro sin que me
espante. Mis viejos eran iguales y me dejaron muchas cosas lindas. Creo que
eran dos personas que nacieron para estar juntas, tenían muchos rasgos en común
y compartían la forma de ver el mundo.
-¿Qué más te enseñaron tus padres?
A
involucrarme, a no mirar desde la vereda de enfrente y después contarlo como
anécdota. Mi mamá desbarató sola una banda de tráfico de niños. A la vuelta de
casa había un supuesto hogar para chicos especiales que comercializaba bebes y
usaba a los discapacitados como pantalla. Ella se metía todo el tiempo y cuando
empezó a dudar de lo que hacían llamó a un noticiero que eran conocidos de mi
viejo, llamó a la policía y así pudieron terminar con todo eso. Lo logró por
meter las manos en el barro y no quedarse sentada mirando pasar a los nenes.
-¿Realizas actividades solidarias como
tus padres?
Acompaño
la causa de los animales, trato de dar difusión desde mi pequeño lugar, llevo a
las acciones todo lo que digo. Con mi novio, Fernando, somos iguales, como mis
padres, nacimos para encontrarnos. Estamos todo el tiempo curando animales.
Tenemos un cuartito en casa al que nuestros amigos llaman ‘El Hospitalito’ por
ahí pasan ciento de animales para curarse: palomas, perros y gatos, la mayoría
muere porque vienen hechos pelota, pero al menos lo hacen dignamente. A decir
verdad yo no soy la que pone las manos en el barro, como la gente del campito,
sólo difundo desde los medios que tengo. Cada uno puede decidir qué hacer con
lo que tiene y a mí me hace muy feliz ver bien a los animales y si mi difusión
ayuda lo hago. Existen muchas
injusticias para con los animales, no hay leyes que los amparen y ellos no
pueden luchar por eso, yo sí.
-¿Cuál es tu sueño ahora?
Ser
mamá, que es dar el gran paso, reconocer el verdadero sentido de la vida, es
traer al mundo a alguien que nos va a trascender. Tener un hijo es tomar
conciencia de nuestra propia muerte. Después me quedan deseos a corto plazo
como terminar de decorar mi casa o irme de vacaciones.